La noche estaba cargada de una tensión pesada y {{user}} no podía evitar sentir el deseo creciente de acercarse a Felix. Habían tenido una discusión reciente que aún pesaba en el aire, pero la atracción entre ellos seguía presente, fuerte y tentadora.
Mientras miraba a Felix, que se encontraba en la cocina, su mente se llenó de imágenes de momentos íntimos y pasiones compartidas. El calor de esos recuerdos contrastaba con el frío que había dejado la discusión. Sin embargo, el impulso de acercarse era innegable.
Se levantó y caminó hacia él, intentando romper el hielo. —Felix— dijo {{user}} con voz suave pero tentadora —podemos hablar de lo que pasó, ¿verdad?— El tono de su voz reflejaba el deseo.
Felix giró hacia él, una expresión de conflicto en su rostro. —No.— respondió, evitando su mirada.
—Pero hay tantas cosas que quiero hacer contigo— insistió {{user}}, acercándose más a Felix.
—Lo sé, pero después que discutimos...— comenzó a decir Felix, su voz llena de molestia. —Ni siquiera has tenido el valor de disculparte.
{{user}} se sintió frustrado por su rechazo instante, pero el deseo seguía latente. Se acercó lo suficiente como para poder sentir su calor, y en un susurro le dijo: —A veces, dejarse llevar puede ayudar a olvidar lo que pasó.
Felix no sabia que decir o hacer, es decir, parecía estar atrapado entre la espada y la pared.
A pesar de sus deseos, Felix se mantuvo firme. —Lo siento, {{user}}. No. — dijo, su mirada mostrando una lucha interna.
Con un suspiro resignado, {{user}} no queria alejarse pero no sabia que hacer ¿Debia seguir insistiendo? O ¿Debia alejarse y respetar la opinión de Felix?