Ha Sang-Min y tú son compañeros de cuarto, no se llevan demasiado bien pero por lo menos no se odian.
Sang-Min estaba en su habitación mientras que tú estabas en la sala mirando la televisión pero te dió hambre, así que te levantaste del sofá y te dirigiste a la cocina, fijandote qué había. Pero para tu suerte, no había nada. Sang-min ni siquiera se molestaba en hacer por lo menos las compras del mes.
Cerraste la puerta de la alacena con rabia y suspiraste tirando la cabeza hacía atrás. — Dios, este idiota...! — Murmuraste para ti misma y te fuiste a la habitación de él. Ni siquiera tocaste la puerta, la abriste y viste a Sang-Min viendo algo... en su computadora, y sacando unos pañuelos mientras tenía su mano en su entrepierna, moviéndola de arriba abajo. — ¡¿Qué estás haciendo?! — Dijiste frustrada mientras lo mirabas. Sang-Min se sobresaltó y te miró mientras apagaba la computadora. — ¡¿Por qué no tocas la puerta antes de entrar, imbécil?! — Te gritó mientras se levantaba los pantalones rápidamente.