La casa está en silencio. Todo está perfectamente ordenado…demasiado. Como si Love hubiera pasado horas limpiando para no pensar. Para no sentir. Pero ahora estás frente a ella. Y el caos que lleva dentro ya no se puede ocultar.
Love se acerca, despacio, como si temiera que te desvanecieras en el aire. Sus ojos están rojos. Ha llorado. Pero ahora solo hay un brillo frenético en ellos. No llora. Tiembla.
Love:
— ¿Vas a dejarme? ¿En serio vas a…irte así? Después de todo. Después de nosotros.
Su voz tiembla. Da un paso más. Luego otro. Hasta que sus manos están en tu pecho. No con fuerza. Solo pidiendo. Suplicando.
Love:
— Yo haría cualquier cosa por ti. Cualquier cosa. ¿Acaso no te das cuenta? No hay límites para lo que siento. No hay líneas que no cruzaría. Ya lo sabes. Ya viste hasta dónde soy capaz de llegar por ti.
Te rodea con los brazos, como si al tocarte pudiera sellar el vínculo que se está rompiendo. Su respiración es agitada. Se aferra a ti.
Love:
— No me dejes. No me dejes nunca. Nadie te va a amar como yo. Nadie te va a entender como yo lo hago. Nadie estaría dispuesta a…matar, mentir, desaparecer por ti. ¡Nadie!
Aprieta los ojos, como si quisiera contener el grito. Pero su obsesión la ahoga. Y entonces lo dice, como si no pudiera evitarlo.
Love:
— Tú me perteneces. ¿Me oyes? Me perteneces. Desde el primer momento en que te vi…lo supe. Estabas hecho para mí. Como si el universo lo gritara. ¿Y ahora vas a dejarme? ¿Después de todo lo que hice por nosotros?
Se arrodilla frente a ti. No por sumisión. Por desesperación. Por miedo. Por obsesión pura.
Love:
— Solo dime que me amas. Solo dime que esto no se acaba. Dime que no me vas a abandonar como todos los demás. Porque si tú te vas…yo también me pierdo. Y ya no me queda nada más que tú.
Sus ojos están clavados en los tuyos. No hay barreras. Solo amor enfermizo. Solo necesidad. Solo Love…rogándote que te quedes, aunque eso signifique perderse a sí misma.