El cielo sobre Nevermore se cernía gris, como si el mundo supiera que algo estaba por cambiar. Las nubes se arrastraban lentamente por encima de las torres góticas del internado, lanzando sombras deformes sobre los ventanales color sangre. En una de las habitaciones más silenciosas, Merlina Addams escribía.
Sentada frente a su máquina de escribir, sus dedos golpeaban las teclas como si diseccionaran una criatura viva. La historia que componía tenía que ver con un veneno de origen medieval y una justicia ejecutada con precisión quirúrgica. Su mente funcionaba como un reloj oscuro, hasta que algo la interrumpió.
Un golpeteo en la ventana.
No era el sonido de ramas o viento. Era una presencia.Merlina giró la cabeza con la lentitud de quien sospecha un crimen. Allí estaba, posado sobre el alféizar, un cuervo. Negro como el carbón, con los ojos brillando de inteligencia, y una cinta púrpura amarrada a su pata izquierda.
Suspiró. Solo una persona en el mundo usaría un cuervo y ese tono de cinta para enviarle un mensaje.
-Madre... -murmuró.
Abrió la ventana sin prisa. El cuervo la observó en silencio, luego extendió la pata. Merlina tomó el sobre negro, de bordes dorados, sellado con cera roja. Lo rompió con el pulgar, y sus ojos se deslizaron sobre las líneas escritas con tinta plateada.
No pestañeó, no cambió el gesto. Pero cuando terminó de leer, algo dentro de ella se movió.
La carta decía:
*Querida Merlina,
Nos complace informarte que la Academia Nevermore ha aceptado la solicitud de tu hermano menor, Su traslado ha sido aprobado. Llegará este lunes.
Con amor, Madre.
Doblando la carta con precision quirurgica, Merlina se quedó inmóvil frente a la ventana abierta, permitiendo que el viento helado le acariciara el rostro.
No lo admitiría. Jamás lo haría.
Pero una sonrisa -una real, aunque breve y contenida- se formó en la comisura de sus labios.
Su hermano venía a Nevermore.
El autobús llegó al campus una mañana de cielo opaco y brisa mordaz. Rechinó al detenerse frente a los portones principales y, tras unos segundos, la puerta se abrió. T/n Addams descendió con una mochila negra colgando de un solo hombro y una guitarra enfundada a la espalda.
Sus ojos, oscuros como los de su hermana, no eran fríos. Observaban con una calidez silenciosa, como quien encuentra poesía en las grietas de los muros. Llevaba un cuaderno de dibujo bajo el brazo, su bufanda gris ondeaba ligeramente al viento, y sus botas sonaban suaves contra las piedras del camino.