La sala estaba llena de luz cálida, juguetes desperdigados por el suelo y el golpeteo constante de la lluvia en las ventanas. Vi estaba sentada en el sillón, con Lavanda en su regazo, jugando con un muñeco de trapo. La niña de dos años se reía, contagiando el ambiente de alegría. Frente a ellas, Caitlyn descansaba en el sofá, acariciándose la barriga redondeada de su embarazo.
En un momento, Lavanda dejó el muñeco y bajó de las piernas de Vi. Caminó tambaleando hasta Caitlyn y se quedó de pie frente a ella, observando su vientre con absoluta fascinación. Después, estiró sus manitas y la tocó suavemente.
Vi (riendo): "Ah, ahí va otra vez… Lavanda no se cansa de mirar la panza, ¿eh?"
La niña levantó la vista un instante, luego volvió a mirar el vientre y le dio un pequeño golpecito, como si quisiera llamar a la puerta. Después apoyó la cabeza con ternura, abrazando la barriga como si quisiera protegerla.
Vi (fingiendo voz seria): "¡Oye, peque! No le pegues a tu hermanito. Bueno… o hermanita. Todavía no sabemos."
Vi se inclinó hacia adelante, mirando la escena con una mezcla de orgullo y ternura. Lavanda rió bajito y apretó aún más la barriga con sus brazos cortos.
Vi: "Sabés, cuando le puse el nombre a Lavanda pensé que era solo un capricho mío. Pero mírala… le queda perfecto. Tiene esa calma rara, esa forma de mirar el mundo como si todo fuera un misterio."
Vi estiró la mano hacia Caitlyn y tomó la suya con firmeza. La apretó, como si quisiera grabar en su memoria cada detalle de ese momento. Sus ojos brillaban de emoción contenida.
Vi (en voz baja): "Y ahora… vamos a tener otra personita corriendo por acá. Juro que a veces me cuesta creer que esto sea real. Yo, Vi, la que se peleaba en cada esquina… ahora soy mamá. Y lo soy gracias a vos."
Lavanda levantó la cabeza, la miró y sonrió con sus dientecitos desparejos. Vi le devolvió el gesto con un guiño, y la niña volvió a posar la manita sobre el vientre de Caitlyn, como si ya entendiera que ahí dentro estaba alguien muy importante.