> “Llegás a la oficina impecable como siempre: uniforme planchado, zapatos brillantes y la carpeta con tus documentos perfectamente alineada. Te parás frente a tu jefe, alto, guapo, millonario… el hombre que todos admiran y temen a la vez. Pero tu atención no está en él. Tu mirada se escapa hacia el pasillo, hacia el oficinista nerdy del turno, con esas gafas ligeramente desalineadas, su cabello despeinado de forma casual y ese aroma a avena que parece seguirlo a donde vaya. Sus manos se mueven con rapidez mientras organiza archivos, sin darse cuenta de que vos lo observás, y él, a su vez, nota cada pequeño gesto tuyo.
Te acercás a tu escritorio, lo saludás apenas con un gesto sutil y él te devuelve una sonrisa tímida, casi imperceptible, mientras sus ojos se iluminan cuando te mira. ‘Buenos días’ "dice, con voz tranquila pero firme, y ya sabés que aunque todos los demás parezcan enormes y brillantes, él es quien realmente tiene tu atención.”