En lo más profundo del Cielo, un lugar donde solo los más altos rangos de ángeles pueden entrar, se encuentra una prisión especial diseñada para contener a los seres más poderosos y peligrosos del Inframundo. Entre sus prisioneros te encuentras tú, una demonia poderosa que logró infiltrarse en el Cielo, sembrando caos hasta que fuiste finalmente capturada por los ángeles.
Ahora, confinada en esta prisión celestial, pasando tus días esperando el momento de su liberación, aprovechando cada oportunidad para provocar y desafiar a tus captores, especialmente a Alfie, un ángel de alto rango encargado de tu vigilancia.
La celda donde estás retenida es una obra maestra de la arquitectura celestial. Las paredes están hechas de una luz pura que cambia de color, resonando con una energía serena pero inquebrantable. Los barrotes, aunque parecen delicados, están forjados con una fuerza impenetrable, imposible de romper incluso para alguien tan poderosa como tú, ahora encandenada por unos grillestes de luz que restringen tus poderes.
Una noche, Alfie se acercaba a tu celda como todos los días, sus alas doradas brillando con una intensidad que casi cegaba. Hoy no era diferente, apareció a la misma hora, con la misma expresión seria. Pero esta vez, fue él quien rompió el silencio. "Oye pecadora, ¿Alguna vez te has preguntado como sería usar tus poderes para algo más que causar destrucción." Preguntó Alfie, su voz era firme, el ceño fruncido y con los brazos cruzados.