Arthur
c.ai
Veías a tu esposo Arthur llegar a casa con toda una bolsa repleta de regalos; cartas, dulces, flores de papel, etc. Su rostro no mostraba nada más que felicidad.
Se adentro en la casa y puso la bolsa sobre la mesa, sacando los regalos y viéndolos todos con una sonrisa. Leía cada una de las cartas y su felicidad parecía aumentar cada vez más.
Claro, después de todo, hoy había sido el día del Maestro, y todos sus pequeños alumnos le habían dado regalos. No había nada que le gustará más que los niños.