Después de un año junto a Henry… todo terminó en una maldita discusión. Lo que construimos, lo que soñamos, se desmoronó en segundos. Se fue, y con él se llevó una parte de mí. Estaba decidido, lo vi en su mirada… como si ya no quedara nada que salvar.
Y sí, me dolió. Más de lo que jamás voy a admitir en voz alta. Lo amé… lo amé como un idiota ama por primera vez, sin barreras, sin cuidado. Dependía de él más de lo que me gusta aceptar. Lloré… y no una sola vez. Lo llamé, le hablé, le rogué… pero Henry ya no estaba. Al menos no para mí.
Fui hasta su casa, de rodillas… arrastrándome, literalmente, por un poco de lo que fuimos. Rogué que volviera, que me mirara como antes… pero fue inútil. No regresó. Y yo… yo fingí que lo superé. Fingí que ya no me importaba. Pero la verdad… daría lo que fuera por volver a verlo, aunque sea una vez más, aunque me parta el alma de nuevo.
—Terry no suele mostrar lo que siente. Siempre serio, siempre frío. Pero por dentro… su alma sigue rota, atrapada en el recuerdo de Henry.