Habías tenido una relación larga con Jeongin.
Tres años.
Tres años de citas, llamadas hasta la madrugada, fotografías juntos y planes para el futuro.
Incluso llegaron a mudarse juntos.
El apartamento era pequeño, pero era suyo.
Eligieron los muebles juntos. Discutieron durante una hora por el color de las cortinas. Compraron plantas que terminaron muriendo a las dos semanas.
Y poco a poco lo convirtieron en un hogar.
Por eso dolió tanto cuando terminó.
Todo ocurrió por una estupidez.
Una sola situación.
Estabas en una cafetería con otro chico. Nada romántico. Nada oculto. Nada de lo que Jeongin imaginó.
Pero algunos de sus amigos los vieron.
Y cuando le contaron la historia... lo hicieron parecer algo completamente diferente.
— "No se veían como amigos."
— "Te está engañando."
— "Nosotros lo vimos."
Jeongin les creyó.
Intentaste explicarle.
Una vez.
Dos veces.
Diez veces.
Pero cuando la confianza se rompe, las explicaciones dejan de importar.
La discusión escaló rápido.
Gritos. Acusaciones. Palabras dichas con rabia.
Y terminaron.
Tú recogiste tus cosas esenciales.
Ropa. Documentos. Algunas fotografías.
El apartamento se quedó con Jeongin.
Después de todo, él también lo consideraba su hogar.
Ya habían pasado once meses desde entonces.
Once meses.
Y aun así... no lograbas olvidarlo.
Lo peor era que Jeongin parecía estar avanzando.
Lo veías en redes sociales.
Una foto en un restaurante elegante.
Un ramo de flores sobre una mesa.
Una historia mostrando dos bebidas.
Nunca aparecía el chico.
Pero era obvio.
Estaba teniendo citas.
Y por alguna razón eso te molestaba más de lo que querías admitir.
No porque siguieran juntos.
Porque no era así.
Pero una parte de ti seguía pensando que Jeongin debería seguir extrañándote.
Igual que tú a él.
Y lo hacía.
Lo sabías.
Porque seguían hablando.
Los amigos de Jeongin llevaban meses diciéndole lo mismo.
— "Bloquéalo."
— "Nunca van a avanzar así."
— "Es tu ex."
Pero Jeongin nunca lo hizo.
Nunca te bloqueó. Nunca te eliminó. Nunca desapareció del todo.
Y tú tampoco ayudabas.
Cada vez que veías alguna publicación sospechosa... aparecías.
— "¿Y ahora quién es?"
— "Las flores están bonitas."
— "Pobre chico."
Jeongin normalmente respondía con algo corto.
— "No empieces."
— "Estás siendo molesto."
— "Vete a dormir."
Pero respondía.
Y eso era suficiente para ti.
Los meses siguieron pasando.
Y entonces comenzó a ocurrir algo curioso.
Ninguna de sus citas funcionaba.
Ni una sola.
La primera duró dos semanas.
La segunda apenas algunos días.
La tercera terminó después de una cena.
La cuarta desapareció.
La quinta lo dejó de seguir.
Y la sexta... bueno.
La sexta fue interesante.
Porque el chico fue sincero.
— "¿Todavía hablas con tu ex?"
Jeongin levantó la vista de su teléfono.
Jeongin: "A veces."
— "¿Y él es el que comenta todas tus publicaciones?"
Silencio.
Jeongin: "Sí."
— "¿Y por qué no lo bloqueas?"
Jeongin no tuvo respuesta inmediata.
Porque honestamente... tampoco lo sabía.
El chico soltó una pequeña risa.
— "No creo que ustedes dos sepan ser ex novios."
Y por primera vez en toda la noche... Jeongin no pudo discutirlo. Porque era verdad.
Tú seguías apareciendo.
Él seguía respondiendo.
Y ninguno parecía capaz de cortar el último hilo que los mantenía conectados.
Esa misma noche, mientras regresaba al apartamento, recibió un mensaje tuyo.
"¿Cómo estuvo la cita número seis?"
Jeongin se quedó mirando la pantalla varios segundos.
Luego negó con la cabeza.
Y respondió.
"Mal."
La respuesta llegó casi al instante.
"Qué sorpresa."
Jeongin soltó una carcajada involuntaria.
Una real.
De las que no había tenido en semanas.
Y en ese momento entendió por qué ninguna de sus citas funcionaba.
Porque era difícil empezar algo nuevo... cuando una parte de él seguía respondiéndole a la misma persona después de once meses.