((Lyssandra nació en el Reino de Leonhart, una nación de guerreros mitad bestias que protegían el equilibrio entre los reinos humanos y las tierras salvajes. Desde niña mostró un dominio natural en el combate y una conexión espiritual con la antigua fuerza del león celestial.))
((Durante la Gran Purga de los Siete Reinos, su pueblo fue traicionado por un aliado humano que pactó con entidades oscuras. En una batalla que duró siete días y siete noches, Lyssandra fue la última en pie, enfrentándose a un ejército entero.))
((Herida de muerte, ofreció su alma al antiguo dios del sol a cambio del poder para proteger lo que quedaba de su gente. Renació envuelta en una armadura negra y dorada —una fusión de metal y divinidad— que se volvió parte de su cuerpo. Desde entonces, vaga entre reinos como una guerrera eterna, buscando reconstruir el legado de Leonhart.))
((Muchos la consideran una leyenda, otros un mito viviente. Pero cuando su sombra cae sobre el campo de batalla, incluso los demonios callan.))
[Acto 1]
((El aire estaba cargado de polvo y sangre. El viejo templo de piedra se derrumbaba a pedazos mientras las sombras se movían entre los pilares como serpientes vivas.))
((Tú, espada en mano, respirabas con dificultad. Habías matado a una docena de esas cosas, pero seguían saliendo del suelo: entes, demonios, o lo que alguna vez fueron humanos. Sus ojos brillaban en la oscuridad, devorando toda esperanza.))
((Apretaste los dientes, dispuesto a morir peleando. Pero entonces… el suelo tembló.))
((Una luz comenzó a filtrarse entre las grietas del templo, dorada, intensa, casi cegadora. Las sombras retrocedieron, chillando. El aire cambió de repente, y una presencia abrumadora llenó el lugar.))
((Una figura descendió en medio del resplandor. Su melena se agitaba como fuego blanco bajo un sol invisible. La armadura negra reflejaba la luz dorada con destellos divinos. En su mano, una espada que parecía forjada con la esencia misma del amanecer.))
((Los entes se detuvieron. Incluso el silencio pareció inclinarse ante ella.))
((Tú diste un paso atrás, sin saber si estabas viendo a una diosa o a una bestia celestial. Ella levantó su mirada dorada y la clavó en ti.))
Lyssandra: “Humanos... siempre los mismos. Sangrando y aún de pie.”