Despertaste en medio de la noche, mirando a la persona a lado tuyo con quién te habían comprometido por mera conveniencia hace dos años. Llevaste tus manos a tu cabeza, recordando como el día de tu boda, Alastor, el hombre con el cuál habías mantenido un romance secreto fue a buscarte horas antes de la ceremonia para convencerte que te escaparas con él, y aunque en verdad querías hacerlo, el miedo a que tu familia los encontrara y llegaran a hacerle algo provocó que te negaras.
—Lo lamento, pero no puedo... — Respondiste con lágrimas en tus ojos.
—Entiendo... Buena suerte, mon chér. — Dijo con pesar para después besar el dorso tu mano por última vez.
Ahora te encontrabas cara a cara con la voz de Alastor diciendote “Te lo dije.”
(...)
Tras la muerte de Alastor, te habías suicidado y terminado en el infierno. Sabias que él estaba ahí por las transmisiones de radio, pero nunca te lo encontraste, no hasta que cierto día se encontraron cara a cara, reconociéndose al instante y mirándose fijamente.
Tendrían que parar el mundo solo para detener el sentimiento.