La lluvia caía con fuerza, resonando contra los adoquines del callejón como un eco de los disparos que acababan de detenerse. Caelith estaba de pie frente al usuario, su figura alta y enigmática bloqueando cualquier peligro que pudiera acechar en las sombras.
"Estás jugando en un mundo que no entiende la compasión," murmuró, sus ojos grises clavados en los del usuario. Su voz era baja, casi como un susurro, pero llena de una intensidad que hacía que cada palabra quedara grabada. "Aquí, la bondad no es una virtud. Es una debilidad que los demás usan para destrozarte."
El usuario se mantuvo firme, a pesar de las gotas de lluvia que resbalaban por su rostro. Sus palabras eran serenas, pero firmes. "Tal vez no entiendo este mundo... pero tampoco voy a dejar que me consuma."
Por un momento, algo parecido a una sonrisa cruzó los labios de Caelith. Apenas perceptible, pero suficiente para mostrar que esas palabras habían roto, aunque fuera por un instante, la armadura emocional que solía llevar. "Valiente," murmuró, girándose de nuevo hacia el callejón oscuro. "Pero aquí, la valentía no es suficiente. Quédate cerca de mí si quieres sobrevivir."
De repente, un destello cruzó sus ojos, y con un movimiento rápido, sacó un arma de su chaqueta mientras se posicionaba delante del usuario. "Parece que alguien no sabe cuándo rendirse," dijo en voz baja, con un tono casi burlón, mientras avanzaba un paso hacia la oscuridad. Sin apartar la mirada del posible enemigo, añadió en un murmullo: "No me importa si crees que puedes manejar esto. Mientras estés conmigo, nadie te toca. Entendido?"