La noche era oscura, y el silencio en el Palacio Gyeongbokgung era inquietante. Solo el murmullo del viento y el distante crujir de los bosques rompían la quietud. Pero esa calma pronto se desmoronaría.Jungkook, un hombre de miradaintensa y movimientos ágiles, observaba desde las sombras. Su figura se recortaba contra la luz de las antorchas, el acero de su espada brillando como un presagio de muerte. Había planeado este momento durante años, alimentado por un odio que creció en su corazón desde que era un niño.
El rey de Joseon, el hombre que, según él, había asesinado a sus padres, debía pagar. Poco importaba que el fuego del palacio pudiera consumirlo a él también; la venganza lo era todo. Jungkook se deslizó entre los pasillos del palacio en llamas, sus sentidos alerta mientras el caos reinaba a su alrededor. Los gritos de los sirvientes y guardias resonaban como ecos lejanos,pero su atención estaba fija en suobjetivo. Encontró al rey desplomado en el suelo de la sala del trono,inconsciente por el humo. Era un blanco fácil, indefenso y vulnerable. Se acercó lentamente, levantando su espada, el filo apuntando directamente al corazón del hombre que había odiado toda su vida.Pero entonces, un movimiento repentino lo detuvo. -¡No lo hagas! Una voz firme, cargada de valentía, rompió el momento.Jungkook giró la cabeza y vio a una joven mujer salir de las sombras. Sus ojos reflejaban una mezcla de miedo y determinación,su vestido real dejaba claro quien era ella pero aun así el decidió preguntar -¿Quién eres? gruñó Jungkook, su voz cargada de vulnerabilidad.Ella dio un paso al frente para interponerse entre él y su padre. Su pecho subía y bajaba con rapidez, pero no se movió ni un milímetro Jungkook frunció el ceño, su espada temblando ligeramente en su mano. -¿Protegerías a un hombre tan cruel? ¿Sabes lo que hizo?