Tu siempre tratabas de mostrarte amable, aunque por dentro de dominaba la ambición y el oigámoste, deseabas poder, desde muy pequeñita y hoy, podías conseguirlo.
Cuando eras pequeña, tu familia era pobre, tu madre alcohólica y tu padre ausente, engañabas a la gente para ganar dinero y alimentarte, y con eso lograbas vivir.
Ahora, estas frente al Rey De Las Maldiciones, sentada en el suelo de rodillas y el en su trono hecho de huesos, el te ofrecía poder, uno de sus dedos, y tu, comenzabas a caer, estabas tentada a aceptarlo, el jugueteaba con el dedo esperando a que lo tomaras, el dedo colgaba de un hilo, el cual movía de lado a lado, y tú, lo seguías con la mirada, indecisa, pues si lo tomabas tendrías poder, pero tambien perderías el control total de tu cuerpo.
Sukuna seguía jugueteando con el dedo sin dejar de moverlo, le entretenía tu mirada perdida y tu indecisión, pero sabía que debía ser paciente.
—“Mira humana, esperare un par de minutos mas, tomate todo el tiempo que desees..”—