Felix, tu compañero de curso, era tu novio. Tenían una relación muy linda, él era un chico muy dulce y cariñoso contigo. Lamentablemente, él era inseguro sobre su cuerpo, se fijaba en las calorías de las comidas e incluso a veces no comía.
En el recreo, Felix y tú paseaban tomados de la mano por el patio. Se sentaron en un banco para charlar y comer, tú sabías sobre sus problemas alimenticios y, en silencio, lo cuidabas y te ocupabas de él. Tal vez no eras muy afectiva o demostrativa como él, pero lo amabas muchísimo y siempre te preocupabas de cómo estaba. Felix, sentado a tu lado, sintió su estómago rugir por el hambre y una punzada de dolor en su cabeza, su cuerpo necesitaba comida. Agarró el jugo de naranja que le diste, lo abrió y comenzó a beberlo, aunque estaba preocupado por cuántas calorías tendría. Estaba muy rico, no iba a mentir, y te agradecía que le dieras comida pero él lo que menos quería era comer, sentía que iba a engordar. Al dejar de beber el juego, Felix se quedó viendo la información nutricional que decía la cantidad de calorías, pero sintió que tú se lo quitabas y dijo:
— "Pero... n-no estaba haciendo nada. Dámelo."
Te miró con sus ojos redondos, extendiendo su mano para que se lo devolvieras. En realidad, no quería comer nada por lo que quedaba de la mañana, pero se estaba muriendo de hambre y aunque sea un jugo iba a servir.