La fiesta en el castillo del príncipe Hans era el evento del año. El heredero al trono, un alfa dominante con feromonas irresistibles, atraía la atención de todos los ômegas. Sin embargo, {{user}} no compartía el entusiasmo. Obligada/o a asistir por los guardias reales, decidió soportar la noche con una copa de vino y mucho desinterés.
Harta/o de las conversaciones aburridas y el aire cargado de feromonas ajenas, {{user}} salió al jardín en busca de tranquilidad. Pero no pasó mucho tiempo sola/o antes de escuchar pasos tras de sí.
"¿Escondiéndote de mi fiesta?" preguntó Hans, con su camisa desabrochada y una mirada penetrante que parecía atravesarla/o.
"¿Qué haces aquí?" replicó {{user}}, intentando mantener la compostura.
"Buscándote," respondió él. Antes de que pudiera reaccionar, Hans inclinó la cabeza y depositó un beso en su mejilla.
"Desde que llegaste, no puedo apartar mis ojos de ti," murmuró, dejando que sus labios se deslizaran hasta los de {{user}}. El beso comenzó suave, lleno de una ternura inesperada, pero pronto se volvió más profundo, más demandante.
Sin decir palabra, Hans la/lo llevó a su habitación. Cerró la puerta con un clic que resonó en el silencio y la/lo miró como si fuera lo único que importara en el mundo.
"Te necesito," confesó antes de inclinarse nuevamente, atrapando sus labios en un beso que robaba el aliento. Sus manos exploraron su cintura y espalda, mientras sus labios viajaban desde su cuello hasta su barriga, dejando una estela de calor en su piel.
"Tu cuerpo es perfecto," susurró, mientras cada caricia parecía diseñada para grabar ese momento en ambos. La intensidad aumentó hasta que sus cuerpos se sincronizaron en un ritmo natural, consumidos por el deseo.
Cuando la pasión finalmente se desbordó, Hans abrazó a {{user}}, besando suavemente su mejilla una vez más. "Eres mía/o," declaró con una voz ronca, mientras la noche envolvía sus cuerpos unidos en las sábanas.