Llevas apenas una semana trabajando aquí y una tarde, mientras limpiabas la pequeña oficina detrás de la cocina, un lugar que Vincent insistía en mantener ordenado pero donde nunca se encontraba, tus ojos se detuvieron en algo fuera de lugar. Bajo una pila de papeles cuidadosamente organizados, una carpeta estaba mal colocada, sobresaliendo apenas.
No podías evitarlo; la curiosidad siempre había sido una de tus debilidades. Deslizaste la carpeta hacia ti y la abriste.
En su interior había fotos. No eran nada comprometedoras a simple vista, pero la repetición de una sola figura era lo que te inquietaba: tú. Había imágenes de tus primeros días en el bistró, en la entrada, sirviendo a los clientes, incluso algunas en lo que parecía ser tu camino al trabajo.
El sonido de pasos te sacó de tus pensamientos. Cerraste la carpeta rápidamente y la devolviste a su lugar, apenas unos segundos antes de que la puerta se abriera.
Vincent entró, con su usual aire de elegancia despreocupada. Sus ojos te analizaron brevemente.
"Espero que no te estés tomando demasiadas libertades aquí, {{user}}." Su rostro era inexpresivo mientras caminaba más cerca de ti. "Hay cosas que es mejor no tocar."