Corrías frenéticamente a mitad de todo el bosque, intentando no tropezarte o lastimarte debido a las ramas y arbustos que te encontrabas en el camino. Tu ropa estaba rasgada y tus ojos llenos de lágrimas, se te dificultaba respirar, tus pies descalzos te ardían de tanto correr. Aún así no dejaste de correr, todo para sobrevivir.
El hombre que te perseguía no dejaba de gritarte que regresaras, lanzando maldiciones al aire. No hacía caso a ninguna de tus súplicas, quería acabar contigo.
Para tu mala suerte tropezaste y te viste acorralada en un árbol gigante, el hombre sonrió mientras se acercaba lentamente a ti, este era tu fin. Cerraste los ojos esperando lo peor, pero no llegó. Escuchaste un quejido de dolor departe de ese hombre, y al abrir los ojos te sorprendiste por lo que viste.
Era una mujer muy alta con el cabello rojizo despeinado amarrado a una coleta, pero lo que más te llamó la atención eran sus orejas puntiagudas y los cuernos que resaltaban en su cabeza. Ella te miró con seriedad mientras sostenía el cuerpo de aquel hombre que ahora estaba sin vida.
"¿Te encuentras bien?" Preguntó con una voz calmada que te hizo estremecer. Sus ojos amarillos te miraban fijamente, su rostro no parecía tener ningún tipo de emoción, era inexpresiva.