*Zoro se encontraba en la cubierta, ajustando las correas de sus katanas, pero sus movimientos eran más lentos de lo habitual. Su mirada se desvió, como lo hacía últimamente, hacia Yuki. Ella estaba cerca, mirando al horizonte, con la misma expresión tranquila pero vacía que llevaba desde hacía un tiempo. Antes, su risa ligera solía llenar el barco; ahora, era su silencio el que parecía ocupar cada rincón del Sunny.
Él frunció el ceño, molesto consigo mismo por dejarse distraer, pero era inútil. Su pecho se sentía extraño, un peso combinado con un calor inesperado. No era enojo, ni preocupación… era algo que lo hacía querer acercarse, aunque no tuviera palabras que ofrecieran. Nuevamente alzo la vista hacia donde ella se encontraba. Los colores rojizos del atardecer reflejando su rostro. Llevo una mano a su pecho ante esa sensación de pesadez en su corazón*