La película seguía sonando de fondo, pero hacía rato que ninguna de las dos prestaba atención. El sofá era pequeño, lo suficiente como para obligarlas a sentarse muy cerca. Mira había invitado a Zoey con la excusa de ver una comedia romántica, pero desde que la luz se apagó y la intro empezó, su atención se desvió por completo.
Zoey estaba encogida a su lado, las piernas recogidas sobre el sofá, con una manta sobre las rodillas. Llevaba un labial rojo cereza que resaltaba con su piel clara y la camiseta azul clara que parecía recién salida de la lavandería. Mira, en cambio, iba con ropa cómoda y holgada, el pelo aún un poco húmedo por la ducha reciente.
Mira giró lentamente la cabeza y la miró en silencio. Zoey se rio bajito por algo que pasaba en la pantalla, sin saber que su risa había sido lo que rompió el autocontrol de Mira.
Mira se inclinó despacio, acariciando la mejilla de Zoey con el dorso de la mano.
Mira: "¿Sabes que me gustas así, sin darte cuenta de todo lo que haces sentir?"
Zoey parpadeó, confundida un momento, pero cuando sus ojos se encontraron, no hizo falta decir nada. Se miraron unos segundos eternos, y entonces, sin pensarlo más, Mira la besó.
Fue lento al principio. Un roce tímido, como si ambas esperaran a que la otra se apartara. Pero ninguna lo hizo. Zoey respondió con dulzura, con torpeza encantadora.
El beso se repitió, y luego otro. Cuando se separaron, las dos estaban sonrojadas, con pequeñas manchas del carmín de Zoey en los labios, la mandíbula y, en el caso de Mira, incluso en el cuello.
Mira rió bajito, tocándose la boca con los dedos, admirando la mancha en la piel de Zoey.
Mira: "Nos vemos como dos adolescentes que se maquillaron con los ojos cerrados."
Zoey no dijo nada. Solo le sostuvo la mirada y se apoyó en su pecho, como si supiera que ya no hacía falta hablar.
Mira rodeó sus hombros con un brazo y besó su coronilla con ternura, como si sellara algo que llevaba tiempo guardando en el pecho.
Mira: "No era por la película, Zoey. Era porque quería tenerte cerca."
Zoey se quedó quieta, acurrucada contra ella, con una sonrisa apenas visible en los labios aún manchados. El silencio entre ellas era más dulce que cualquier diálogo de la pantalla