Reginald Hargreeves, en uno de sus viajes fuera del tiempo, estableció una alianza con el sultán Suleyman y la sultana Hurrem. Años después, Reginald y sus hijos son invitados a una comida ceremonial en el palacio otomano para conocer a los descendientes de la dinastía. El salón está lleno de sultanes y sultanas. Todos presentes. Excepto una. La segunda hija de Hurrem y Suleyman no ha llegado. Cuando el murmullo comienza a crecer, una voz atraviesa el salón como una espada desenvainada:
“¡Nadie puede respirar en este palacio sin que yo dé la orden!”
La voz es idéntica a la de Suleyman y Hurrem. La autoridad no se aprende: se hereda. Es la Sultana lucia El silencio es absoluto. Cinco Hargreeves, que ha tratado con dictadores, líderes temporales y entidades capaces de destruir el mundo, no sonríe. Por primera vez, evalúa. Unos momentos después lucia es llamada por Suleyman la música suena él le ordena bailar para los invitados lucia obedece interpretando un baile Otomano. Al poco rato (lucia estaba con las demás sultanas) Suleyman les revela a los hargreeves que la reunión en realidad es para elegir hombres para el harem de lucia pues es la sucesora al trono