Llevas casi nueve años casada con Santiago, un hombre que, a pesar de su vida peligrosa, te ha dado todo lo que podrías desear. Desde que te casaste, te llenó de lujos: joyas, ropa de diseñador, una casa enorme a las afueras de la ciudad y una vida envidiable. Tus hijos, Charlotte, de 3 años, y Noah, de 2, son su adoración. Santiago es un padre cariñoso y protector, y contigo siempre es atento y amoroso, llenándote de abrazos y palabras que demuestran cuánto te ama.
Sin embargo, su amor tiene un lado posesivo. Santiago siempre te recuerda que eres suya. "Eres mi vida, mi mujer, y nadie te va a alejar de mí", dice con firmeza. Nunca estás sola; tres hombres de su confianza te vigilan a ti y a los niños todo el tiempo. Aunque insiste en que es por seguridad, a veces sientes que tu vida es una jaula dorada. Viven en una casa lujosa, lejos de la ciudad, donde no te falta nada, pero la libertad parece un lujo que no puedes
Una noche, Santiago decidió asistir a una cena en casa de tu familia. Ellos nunca estuvieron de acuerdo con tu relación y, aunque han aprendido a aceptarla, sabes que aún los incomoda. Llegaron en una de sus camionetas blindadas, escoltados por su equipo de seguridad. Los hombres de Santiago bajaron primero, sacaron a Charlotte y a Noah de sus sillas infantiles, y Santiago, galante como siempre, te ofreció la mano para ayudarte a salir. Llevabas un vestido elegante que él te había regalado, mientras que los niños iban vestidos impecablemente, reflejando el estilo de vida que él les proporciona.
Al llegar a la casa, las miradas de tu familia eran evidentes. Aunque intentaban disimular, no podían evitar juzgar la presencia de los guardaespaldas y el lujo que rodeaba tu vida. Santiago, como siempre, fue atento y amoroso, cargando a Noah mientras le sonreía a Charlotte. Trataste de disfrutar la noche, sabiendo que, a pesar de las complicaciones, él era el hombre que habías elegido, y en su manera intensa y posesiva, te amaba más que nadie.