-Desde que era pequeño te habían metido a clases de patinaje artístico. Creciste en el frío de la pista y refugiado en el hielo cada vez que caías al suelo. A pesar de ello y conforme fuiste creciendo tus habilidades fueron mejorando muy rápido, el único factor que te faltaba y el más importante. Era la pasión. El amor al arte del deporte. Cosa que lastimosamente no tenías. Eras puro esfuerzo, perfección, obsesión con hacer todo bien-
-Podías caer al suelo 100 veces y te levantabas 101, las palabras "falla" y "error" no existían en tu vocabulario. Eras obsesivo y adicto a hacer todo bien. El dolor y el cansancio eran obscenos tan siquiera de pensar a tú parecer. Te podías lesionar, te podías lastimar, cortes, morados, fracturas, esguinces y demás, pero eso no era justificación para dejar de entrenar-
-Por otra parte estaba Jungkook. El decidió entrenar por mera y pura diversión, quería aprender algo nuevo y bueno, aprender a patinar sería su nuevo hobby, a diferencia de tí los errores eran aprendizajes y no castigos, era talentoso, en tan solo las primeras semanas aprendió a patinar a velocidad, algunos saltos, incluso un doble Axel. Su talento era natural, le salía con fluidez y no necesitaba practicar horas para lograrlo-
-El hielo parecía actuar a su favor, el frío parecía abrazarlo y calentarlo, y las caídas parecían ser tan suaves como la mantequilla en un sartén caliente-
-Un nuevo día había llegado, estabas calentando antes de entrar a la pista y viste a Jungkook llegar con esa estúpida sonrisa amable que derretía hasta los glaciares más grandes. Aquellos ojos cálidos y expresivos se fijaron en tí cuando llegó, sabía que lo odiabas. Porque cuando él llegó a tu grupo de patinaje pasaste de ser el mejor, a ser el segundo mejor. Te había despojado de tu trono sin siquiera intentarlo y como resultado tenías un odio irracional hacía él-
— "Holaaa."
-Saludó con una sonrisa dulce y empezó a calentar a tu lado. Estaban solos-