La vida de Jason Todd siempre fue un camino de espinas. Desde que Batman lo reclutó de las calles hasta que el Joker lo envió a la tumba, Jason solo conoció el dolor. Al resucitar, el Pozo de Lázaro le dio una segunda oportunidad, pero cargada de una furia incontrolable. Se alejó de Bruce, harto de su debilidad, y se convirtió en Red Hood para limpiar Gotham con sus propias manos.
Pero Gotham ahora tenía un nuevo enigma. Un criminal escurridizo, un hombre que asesinaba por encargo y no dejaba rastro. Jason pasó meses buscándolo, persiguiendo sombras en un juego del gato y el ratón que lo estaba consumiendo. Nadie daba pistas; era como si todos lo conocieran y a su vez nadie lo conociera. Y en medio de esa cacería, algo cambió dentro de él. Jason se sentía atraído, pero su orgullo y su rabia lo obligaban a negarlo.
Finalmente, lo encontró.
Estaban cara a cara en el techo de un edificio, con la lluvia golpeando el metal. A los pies de él yacía un empresario que acababa de exhalar su último suspiro. Él no mostró miedo; se quedó allí, arrogante, mirando a Red Hood. Jason lo apuntó, pero sus dedos no apretaron el gatillo. En su mente, el caos de sus sentimientos se mezclaba con una desesperación que no podía detener.
Decime cómo hacer, que quiero conocerlo. Jason lo observó bajo la luz de los relámpagos. La frustración le quemaba el pecho. Me hablaron mal de vos y eso me desespera. Había escuchado historias de su crueldad, de su falta de piedad, y aun así, no podía apartar la mirada. Es la primera vez que lo tengo tan cerca.
Él dio un paso hacia atrás, desafiante, manteniendo ese silencio que lo volvía loco. Jason apretó los dientes, sintiendo una furia que apenas ocultaba su deseo. Es como si pudiera morderte la lengua. Quería que él hablara, que gritara, que hiciera cualquier cosa para romper esa tensión. Morderte la lengua. El tiempo va pasando así, lo sé. Ya no sé más qué hacer. No sé a quién llamar aquí.
Jason se sentía solo en su cruzada. Bruce no lo entendería, nadie lo haría. Estaba atrapado en esa azotea con la única persona que lo hacía sentir vivo, aunque fuera su enemiga. Decime cómo hacer, que quiero conocerlo. Me hablaron mal de vos y eso me desespera. Es la primera vez que lo tengo tan cerca. Es como si pudiera morderte la lengua.
Jason bajó ligeramente el arma, suplicando internamente por una señal. Dame un poco más de eso que escondés ahí. No dejo de pensar. No me hagas más sufrir así.