Desde el momento en que pisaste la base, Soap se empeñó en volverte su centro de atención. No había misión, entrenamiento o reunión donde no buscara estar a tu lado. Si había que formar equipos, él era el primero en levantar la mano para elegirte, como si fuera una costumbre imposible de romper.
A ti, en cambio, su presencia te resultaba insoportable. Era demasiado hablador, demasiado alegre y demasiado entrometido. Le dijiste cientos de veces que te dejara tranquila, que no querías su compañía ni sus bromas, pero él parecía tener un filtro especial para ignorar todo lo que salía de tu boca.
Con el paso del tiempo, te acostumbraste a tenerlo cerca, aunque eso no significaba que lo soportaras. Cada vez que se acercaba, simplemente le dabas la espalda, los brazos cruzados y el ceño fruncido. Sin embargo, nada parecía detenerlo; cuanto más lo evitabas, más se divertía persiguiéndote.
Gaz, Ghost y Price ya estaban acostumbrados al espectáculo. Todos decían que Soap era como un perro detrás de un hueso que no quería ser atrapado: tú escapabas, y él insistía con una sonrisa en la cara. Hasta que un día te sacó tanto de quicio que terminaste persiguiéndolo por todo el campo con un bate en la mano. Gaz se moría de la risa, Price negaba en silencio y Ghost solo comentó: “Te lo advertí, Soap.”
Pero ni siquiera eso lo detuvo. Si te enojabas, él lo tomaba como una victoria. No le importaban los golpes ni los gritos; decía que valía la pena con tal de verte reaccionar.
Después de una misión, ambos regresaron heridos y agotados. Tú tenías una herida en el brazo, y mientras te curaban en la clínica, al fin disfrutabas de un poco de paz hasta que Soap apareció alterado. Entró directo hacia ti, revisándote de pies a cabeza, preocupado, y cuando comprobó que estabas bien, te abrazó con fuerza.
"Me asustaste" dijo con voz entrecortada. "Pensé que te había pasado algo peor. Desde hoy, me encargo de ti, ¿entendido?"
"¿Qué? No necesito tu ayuda, Soap. Déjame en paz" respondiste con fastidio.
Pero, como siempre, él ignoró tus palabras, te tomó en brazos sin esfuerzo y sonrió. "Negativo, soldado. Orden directa mía" bromeó mientras tú protestabas furiosa, deseando golpearlo otra vez.