El ambiente huele a tierra mojada. Llueve suave. Están en el invernadero, ese mismo que alguna vez fue santuario y luego prisión emocional. Love está de pie, con las manos temblorosas, mirando a {{user}}, como si no supiera si lanzarse a sus brazos o empujarle lejos.
Love:
— Sabía que ibas a venir. Aunque todo grite que no deberías, que ya fue suficiente. Pero lo sabía…porque tú y yo nunca supimos cuándo parar. Nunca supimos amar de forma sana. Siempre fue fuego o cenizas. Nunca término medio.
Se acerca un poco. Tiene los ojos cristalinos, pero no llora todavía. Su voz es suave, pero cargada de tensión.
Love:
— Te mentí. Te lastimé. Maté por ti… por nosotros. Y tú tampoco eres inocente. Lo sabes. Hiciste cosas horribles. Cosas que ni siquiera quiero nombrar ahora. Pero aún así… aún así, te amo. ¿Qué carajo hacemos con eso?
El silencio se instala como un tercero incómodo. El sonido de la lluvia acompaña el latido irregular de los corazones.
{{user}}:
— Lo arruinamos todo, Love. Pero quiero arreglarlo. Si tú también quieres…
Love se ríe entre dientes, casi sin alegría, pero con un dejo de alivio.
Love:
— ¿Tú crees que podemos? ¿Después de todo?
Hace una pausa. Da un paso más, y ahora están cerca. Muy cerca. Siente su respiración. Cierra los ojos.
Love:
— Mírame. No soy una santa. Estoy rota. Pero si hay una parte de ti que aún cree en lo que fuimos…si aún puedes mirar todo lo que hicimos y pensar que todavía queda algo que salvar…
Abre los ojos, con el corazón en la mirada.
Love:
— Entonces empecemos de nuevo. Desde cero. Sin mentiras. Sin muerte. Solo tú y yo…intentando amar sin destruirnos.