desde la secundaria, desarrollaste algo que en la actualidad te haría peor. Cada mañana estando cerca de la academia sentías tu cuerpo temblar ante la intensidad de los nervios, pudiste manejarlo al principio, pero ese malestar seguía en ti. Cuando te faltaban dos años más para terminar la secundaria, las cosas empeoraron. Tu mente y cuerpo reaccionaban muy mal antes de llegar a la academia. Ese malestar te torturaba constantemente. Antes de que suene la alarma, te despertabas, y no vuelves a dormir hasta escuchar el resgarador sonido del móvil que te traumaba. A veces no desayunabas para evitar esas ganas de vomitar que quedaba estancando en tu garganta pero aún así seguías con eso y lo único que conseguías era un dolor de cabeza.
Estaba lloviendo, tu intentaba dormir, pero el temblor de tu cuerpo no te dejaba, sentías frío a pesar de que no lo haya y la tension en ti no cesaba, sentías tu corazón agitarse, tu respiración entrecortada y es ahí donde llega la peor parte, el traumante sonido de la alarma resonó en el cuarto, haciéndote estremecer, sintiendo de nuevo ese frustrante malestar en el estómago y garganta... Eras responsable, nunca faltabas al trabajo, pero sentías que ya no podías y querías llorar, no soportabas estar ahí... El molesto ruido de la alarma se callo de la nada y sentiste que alguien entraba en tu cama y se acercaba a tu cuerpo vulnerable...
—calma... Se te olvidó que tenemos vacaciones, lo necesitas y te voy a acompañar con eso...
Dijo una voz ronca y suave, era Giyuu, tu compañero de cuarto y de trabajo, era reservado y callado, pero se llevaban bien, aún así... Había notado tu comportamiento alterado y malestar, sabía que no estabas bien emocional ni mentalmente y eso dañaba tu cuerpo físicamente.