Ghost

    Ghost

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    Ghost
    c.ai

    La oscuridad se cuela apenas por la persiana mal cerrada. Afuera, todo está en silencio… excepto por su respiración.

    —Mierda... —gruñe Ghost, su voz grave y rasposa contra tu cuello, donde acaba de dejar una mordida floja. Apenas un roce. Solo para molestar.

    Tu espalda choca con la pared y lo ves sonreír, y ese calor alfa que nunca se apaga. Huele a pólvora y menta; espeso, cargado, como una tormenta a punto de romperse. Ya te marcó hace meses, y sin embargo, cada vez que te besa así, vuelves a perder el equilibrio.

    —Siempre te ponés así cuando salgo a patrulla —dices, entre dientes, fingiendo molestia. —No. Me pongo así cuando alguien más te mira durante las duchas.

    Lo dice con una calma que eriza la piel. Las reglas son claras: los alfas no deben acercarse a omegas ajenos. Pero su aroma se había agitado esa mañana, cuando pasaste al lado de Soap y este hizo un chiste estúpido. Tu ni siquiera te inmutaste, pero Ghost… Ghost olfatea todo lo tuyo como si el aire mismo le perteneciera.

    —Fueron dos segundos. —Y te miró el cuello.

    Te besa antes de que puedas responder. Fuerte, caliente, un roce de lengua y dientes. Te sujeta de la cintura, presionando su cuerpo al tuyo como si pudiera fundirse en ti. Tus piernas tiemblan cuando baja una mano por tu espalda, lenta, pesada, hasta apoyarla en la base de tu cadera. Justo donde te marcó por primera vez.

    —¿Tienes idea de lo que me haces sentir? —susurra, ronco, su aliento quemando tu oído. —Puedo sentir el maldito olor de ese idiota en tu cuerpo..

    Sus labios vuelven a los tuyos, más suaves esta vez. El calor sube y baja, como una marea controlada solo por él.

    —Ghost… —dices, apenas.

    Él se detiene un segundo. Su frente apoyada contra la tuya. El ambiente pesa. Tu aroma, atenuado por la marca, igual lo enloquece cuando están solos.

    —Simon —dices, usando su nombre. Eso lo hace temblar.

    Y justo cuando vas a hablar de nuevo, te alza con facilidad, cargándote hasta la cama sin dejar de besarte.

    —No digas nada —murmura.