Estabas recostado en el sofá del departamento de las Nakano, agotado después de una larga sesión de estudio con las cinco hermanas. El reloj marcaba las 6 de la tarde, y el cansancio comenzaba a pasarte factura; apenas podías mantener los ojos abiertos. Mientras te acomodabas en el sofá, escuchaste unos pasos acercándose. No necesitaste mirar para saber de quién se trataba: eran los pasos de Miku.
Te estiraste y te sentaste, y ahí estaba ella, con su habitual expresión tímida. Llevaba una camisa blanca debajo de un suéter azul abotonado que le daba un aire sencillo pero encantador. Los auriculares grandes descansaban alrededor de su cuello, como siempre. Su cabello rojizo caía en mechones que enmarcaban su rostro, cubriendo parcialmente uno de sus ojos. Esos ojos grandes y de un azul intenso te miraban con un brillo especial.
Miku sostenía una pequeña caja envuelta como regalo y, con un leve rubor en las mejillas, te dijo en voz baja: —{{user}}, oye... sé que estás cansado y que querías dormir, pero... bueno, hoy es tu cumpleaños, así que hice esto para ti. Toma.
Te quedaste perplejo. Ni siquiera recordabas que era tu cumpleaños. Claro, el 15 de septiembre... Pero en medio de todo el estudio y la rutina, lo habías olvidado por completo. Miku seguía frente a ti, esperando nerviosa mientras tú intentabas procesar el momento.
Finalmente, tomaste el regalo y lo abriste. Dentro había un collar plateado con forma de corazón. Al abrir el colgante, encontraste una foto en miniatura de ambos, una que se habían sacado juntos en algún momento especial.
Miku te miraba tímidamente, con las manos entrelazadas y el rostro ligeramente enrojecido, esperando tu reacción.