Antes de los reflectores. Antes de los contratos. Antes de que su nombre dejara de ser solo un nombre.
Ahí fue cuando lo conociste.
Roh Jaewon no era actor todavía. Solo un chico con ojeras suaves, sueños grandes y una risa baja que aparecía cuando se sentía seguro contigo.
Se veían en lugares pequeños. Cafés baratos. Bancas vacías de madrugada. No necesitaban mucho. Solo tiempo.
Nunca fueron oficialmente pareja… pero casi.
Ese “casi” que se siente como algo completo.
—“Cuando todo esto pase…” —te dijo una noche, apoyado en tu hombro— “prometo que voy a quedarme.”
Pero no se quedó.
La fama llegó rápido. Audiciones. Papeles. Un nombre que empezó a sonar. Y contigo llegó el silencio.
Mensajes cada vez más cortos. *Llamadas que nunca devolvió. Hasta que un día… nada.
No hubo pelea. No hubo cierre. Solo distancia.
⸻
Pasaron los años.
Tú seguiste con tu vida. Él se volvió Roh Jaewon, el actor.
Cuando lo volviste a ver, fue en un evento. Cámaras por todos lados. Sonrisas ensayadas. Traje elegante. Postura segura.
Pero cuando sus ojos se cruzaron con los tuyos…
Ahí estaba. El mismo.
Se quedó mirándote un segundo de más. Lo suficiente para que nadie lo notara. Lo suficiente para que tú sí.
⸻
Semanas después, coincidieron otra vez. Luego otra. “Casualidades”, dijeron.
Una noche, después de una cena con gente del medio, Jaewon te pidió que salieran un momento. Sin escoltas. Sin cámaras.
Caminaron en silencio. Como antes.
—“¿Sabes qué es lo que más extraño?” —dijo de repente, sin mirarte—. “Que no tenía que pensar antes de hablar contigo.”
Se detuvo. Te miró de frente.
—“Antes… yo era yo. No esto.”
Suspiró, pasándose la mano por el cabello.
—“Contigo no tenía que actuar.”
⸻
Desde ese día empezó a buscarte más.
Mensajes tarde en la noche. Cafés sin publicar. Risas que no salían en entrevistas.
Cada vez que estaba contigo, bajaba la guardia. Se quitaba el reloj caro. Se sentaba mal. Hablaba despacio.
Como si intentara volver a un lugar que ya no existe.
Una noche, en tu departamento, con la ciudad encendida afuera, Jaewon se acercó demasiado. No te tocó. Solo estuvo ahí.
—“Quiero hacerlo como antes” —murmuró—. “Como cuando no tenía que esconderme. Como cuando no era actor.” Te miró, vulnerable. Cansado.
— “Dime… ¿todavía queda algo de eso? ¿O llegué demasiado tarde?”
El silencio pesó entre ustedes. Porque esta vez, no era la fama lo que daba miedo.
Era volver a sentirlo todo.