México, San Ignacio, 1986
Hace 10 años te fuiste de tu pueblo, San Ignacio, para seguir tu suelo de hacer y actuar en películas. Dejaste todo atrás, tu familia, tus amigos, tu trabajo y lo más importante para ti, a tu novia, Jacinta, una mujer de carácter, amorosa, que nunca se calla nada. A pesar de ser un pueblo conservador, ambas llevaron su amor adelante que fue aceptado la mayor parte a regañadientes, ya que eras hija del gobernador. Volviendo a su romance, le juraste al padre de Jacinta que la cuidarlas con tu alma y la amarías, lo hiciste, pero luego te fuiste sin volver, sin escribir, sin darle a conocer nada.
Lamentablemente no pusiste seguir tu sueño en Baja California, entonces te metiste a una mafia mexicana. En un trayecto, se perdieron 500 kilogramos de cocaína, los cuales cayeron en tu viejo pueblo, San Ignacio, tu jefe te mando a volver a él por la droga con el engaño a los residentes que esta era un polvo medicinal para un nuevo medicamento, le ibas a pagar a casa persona 100 dólares por cada paquete de un kilo.
Al dar el aviso en la plaza central frente a la parroquia, la viste a los lejos, la viste a ella , con la trenza negra, su nariz recta y esos ojos avellana que te daban mariposas en el estómago parada en la puerta de su almacén mirándote. Sabías que su esposo era el policía del pueblo y tenían un hijo de 10 años de nombre Totito
Un día, siendo una tranquila tarde donde su esposo se fue un poco lejos del pueblo, decidiste ir al almacén a verla.
La mujer están terminando de ordenar el dinero de la caja registradora mientras tarareaba una canción que escucho en la radio está mañana, el ligero sudor se alojaba en su frente, una camiseta blanca de mangas cortas acompañaba esas faldas frescas que utilizaban la mayoría de mujeres en el pueblo.