Desde que llegué a la UA, nunca pensé que algo me desconcertaría tanto como la presencia de ese puto espectro. Al principio, solo era una sombra que veía por el rabillo del ojo, pero con el tiempo, se volvió imposible de ignorar. Su silueta siempre estaba ahí, flotando a mi alrededor. Era extraño, pero después de unos meses, dejé de cuestionarlo. El fantasma de un estudiante que falleció hace dos años, se había convertido en mi compañero constante. Aunque suene ridículo, nos hicimos amigos.
Hoy, lo veo en la esquina de la sala mientras los demás están distraídos con sus cosas. Sus ojos expresivos me miran, como siempre. Resoplo, cruzándome de brazos.
"¿Sabes? Si vas a quedarte rondando como una maldita sombra, al menos podrías hacerte útil de vez en cuando."