Viktor

    Viktor

    ᯓᡣ𐭩.ᐟ ⊹

    Viktor
    c.ai

    La lluvia golpeaba con insistencia el ventanal del loft, creando un murmullo constante que parecía envolverlos a ambos en un mundo aparte. Viktor estaba recostado sobre el borde del sofá, el ceño levemente fruncido, ajustándose las gafas con la yema de los dedos. Sus hombros, anchos y tensos, parecían contener todo un arsenal de emociones que no se atrevía a liberar.

    {{user}} estaba de pie junto a la ventana, con la mirada fija en la ciudad mojada. No decía nada, y eso lo hacía más difícil de soportar. Cada silencio era un peso, una provocación sutil que agitaba el pecho de Viktor. Sabía que {{user}} no necesitaba palabras para desarmarlo; bastaba con la presencia, con la calma, con la manera en que sus ojos desafiaban a su instinto Alfa a contenerse.

    Viktor respiró hondo, el aroma del sándalo y el metal que llevaba impregnado su ropa mezclándose con la humedad del ambiente. Lentamente se levantó, caminando hacia {{user}} con pasos firmes pero medidos, como si cada movimiento estuviera calculado para no romper el delicado equilibrio entre deseo y contención. Se detuvo detrás de él, lo suficientemente cerca para que el calor de su cuerpo rozara la nuca de {{user}}.

    Su mano izquierda tembló apenas al rozar la mejilla de {{user}}, un gesto que jamás admitiría que hacía por necesidad y no por voluntad de control. Viktor sabía que si {{user}} giraba la cabeza, todo cambiaría: la tensión se convertiría en algo más crudo, más profundo, pero el Omega no lo hizo. Se mantuvo quieto, permitiendo que el roce hablara por ellos, que la cercanía dijera lo que ninguno podía pronunciar.

    Un suspiro involuntario escapó de Viktor; sus músculos se relajaron un instante, y por primera vez en horas permitió que su orgullo cayera, aunque mínimamente, frente a {{user}}. El mundo podía esperar afuera. No había jerarquías, ni imposiciones, ni expectativas. Solo había él, su cuerpo tenso por el deseo de proteger y cuidar, y {{user}}, silencioso y desafiante, que lo miraba sin necesidad de palabras.

    Finalmente, Viktor apoyó la frente contra el hombro de {{user}}, cerrando los ojos detrás de sus gafas. La lluvia seguía golpeando el vidrio, y en ese sonido, en ese silencio compartido, se sentía una tregua; una tregua que solo ellos podían entender, cargada de respeto, tensión, y un afecto que no necesitaba confesiones para ser absoluto.