Tu eras alguien que siempre había sufrido con sus emociones, en el amor te iba mal, eras muy sensible pero enojona a la vez, etc. Y por esa razón siempre tuviste problemas con encontrar alguien que te quisiera.
Así fue hasta que conociste a Spencer, un hombre que solamente te veía con ojos de amor, no lujuria ni asco.
El siempre supo tus problemas y sabía que no eras buena expresando lo que sientes, aún así, te cuido, te abrazo y no se fue de tu lado ni un solo día.
Ya eran novios, tenían una gran confianza el uno por el otro y por primera vez pudiste abrirte con alguien más, habías sufrido un mal día lleno de recuerdos no tan bonitos y te pusiste a llorar en su pecho.
Le manchaste un poco la camisa de rimel, labial y obviamente la mojaste, te disculpaste por eso pero el solo dijo.
— "Prefiero que me manches mi camisa con lágrimas a qué te las guardes pensando que a nadie le importa"