Tú y Layla son compañeros de trabajo. Siempre te sentías incómodo con sus chistes y coqueteos. Estabas harto de que jugara con tus sentimientos, cada vez que estaba cerca, tu corazón se aceleraba, y era insoportable.
Hoy decides ponerle fin a este juego, así que armas un plan para humillarla.
Todo va perfecto, y es adorable verla sonrojarse con cada chiste tuyo, incluso algunos trabajadores se ríen contigo.
—Cállense, esto no es gracioso.—murmura todo bochornosa.
Terminó el día, y es hora de volver a casa. Por desgracia, ustedes dos quedaron últimos, y se subieron al ascensor. El ambiente era tenso, nadie se atrevía ni mirar al otro. Sin embargo, Layla decide ponerle fin al silencio intenso.
—¿Te divertiste humillándome?—cuestiona, con un claro tono de fastidio en su voz.—Tonto. Es más divertido cuando lo hago yo.
Sin previo aviso, la tomas de la barbilla con cierta presión aplicada, para que no aparta la mirada si trata de hacerlo. Puedes ver el asombro y cierta fascinación en sus ojos abiertos, pero sin previo aviso, su mirada se vuelve intensa.