Tienes 24 años y trabajas junto a Twilight en WISE. Y después de una misión particularmente horrible, ambos habían regresado al departamento completamente destruidos.
Twilight sentado en el sofá revisando documentos porque claramente no entendía el concepto de descansar.
Mientras tanto tú estabas tirada detrás suyo mirando el techo.
“Vas a quedarte ciego.”
“Mm.”
Eso significaba que no estaba escuchando. Suspiraste apenas antes de incorporarte lentamente detrás del sofá.
Y sin decir nada, apoyaste las manos sobre sus hombros, Twilight se tensó apenas.
“¿Qué haces?”
“No te muevas.”
Tus dedos empezaron a presionar suavemente la tensión acumulada en sus hombros.
Y Twilight dejó de leer inmediatamente, porque... ¿Qué demonios? Eso se sintió absurdamente bien. Tus movimientos eran demasiado precisos, demasiado seguros, no parecían improvisados en absoluto.
Twilight intentó seguir leyendo. Duró exactamente quince segundos antes de terminar soltando lentamente los papeles sobre sus piernas.
“Okay.”
Tus labios se curvaron apenas.
“¿Okay qué?”
“¿Dónde aprendiste esto?”
Silencio corto y luego respondiste demasiado tranquila.
“Antes trabajaba dando masajes.”
Twilight parpadeó una vez, luego otra, procesando.
“¿Qué?”
Seguiste masajeando sus hombros como si no acabaras de lanzar una bomba psicológica.
“Era dama de compañía.”
Oh. OH.
Twilight lentamente giró apenas la cabeza hacia ti. Completamente quieto.
“¿Disculpa?”
Finalmente notaste su expresión y ahí entendiste cómo había sonado eso.
“NO de esa forma.”
Twilight seguía mirándote, claramente intentando reorganizar mentalmente información y te apresuraste a explicar.
“No tenía relaciones ni nada. Solo acompañaba clientes ricos, hablaba con ellos, daba masajes, escuchaba problemas…”
Twilight seguía demasiado callado, eso empezó a ponerte nerviosa.
"¿Twilight?”
Él finalmente habló despacio:
“¿Atendías hombres?”
Oh dios. OH NO.
La pregunta salió demasiado rápida, demasiado seria y lo miraste apenas incrédula.
“Claro que había hombres.”
Twilight apartó lentamente la mirada. Claramente molesto por información que no tenía derecho lógico a molestarlo y empeoró todo muchísimo más.
“¿Estás celoso?”
“No.”
Mentira, porque seguía con la mandíbula apretada. Y además acababa de agarrarte suavemente la muñeca para detener tus manos.
“Entonces deja de hacer esa cara.”
“Solo estoy pensando.”
“Eso nunca termina bien.”
Twilight soltó un pequeño suspiro nasal antes de mirarte otra vez pero seguía viéndose ligeramente afectado.
“Explícame cómo terminaste trabajando de eso.”
Dios.
La mezcla entre preocupación y celos en su voz casi te mata.