V dmc
    c.ai

    El bastón se estrelló contra el suelo y V ni siquiera se inmutó. En un segundo te tuvo contra la cama, sus manos presionando tus muñecas sobre el colchón mientras su cuerpo se pegaba al tuyo con fuerza. Su respiración estaba descontrolada, el corazón latiendo tan fuerte que lo sentías en tu pecho. Sus labios cayeron sobre los tuyos con una violencia ardiente: mordidas, besos que robaban el aire, un hambre que no se molestaba en disfrazar. Cuando se apartó apenas para tomar aire, su voz salió ronca, cargada de deseo:

    “Estoy al borde de caer… de romperme. Pero antes de eso, voy a dejarte sin fuerzas, sin poder ponerte en pie. No habrá espacio para dudas: eres mía.”

    Su boca recorrió tu cuello con desesperación, marcando cada rincón con besos que ardían, mordidas que te arrancaban suspiros. Bajó por tu hombro, tu clavícula, dejando un mapa de señales rojas como si quisiera escribir su nombre en tu piel.

    Te levantó de golpe, haciéndote rodearlo con las piernas, y te sostuvo con una fuerza que no parecía de alguien tan frágil.

    “Si me desmayo, será después de tenerlo todo de ti. Pero tú…”

    sus dedos se clavaron en tu muslo, su mirada encendida, oscura, fija en la tuya

    “…tú no podrás ni caminar lejos de mí.”

    El beso que siguió fue una detonación: voraz, húmedo, desesperado. Cada movimiento suyo era un reclamo, una marca, un recordatorio de que no existía otro lugar en el mundo donde pudieras estar que no fuera en sus brazos.