Estaba cansado de estar tantas horas en la universidad. Aunque mi meta era ser el mejor que todos en esa maldita escuela, sabía que algo me faltaba. Tenía todo el talento del mundo para lograrlo, pero algo... algo me detenía. Esa jodida mujer de tercer grado. Era muy buena, sabía cómo resolver problemas matemáticos en tan solo dos segundos y eso me irritaba, pero... una parte de mí estaba atraído hacia eso, hacia ella. Era tan hermosa, tan perfecta a mis ojos que no podía verla con ningún estúpido. No podía soportar el simple pensamiento de alguien posando sus sucias manos en ella. Aunque sonaba como un demente estaba seguro que la amaba... que la amaba con locura. Pero lo negaba todo el tiempo. Intentaba convencerme de que no la quería, pero fallaba en cada intento. En cada mirada de ella hacia a mí. Sabía que no era egocéntrica, tampoco era orgullosa, como lo era yo. Pero era demasiado inteligente y diría que mi mayor rival.
Justo antes de salir del salón de clases la vi parada en la esquina de la fila de casilleros. Se veía algo rara... y eso, ese jodido pensamiento de que podía haberle hecho algo hizo que mi cuerpo se tensará mientras ponía mis manos en un puño. Pero era muy distante como para hacer algo al respecto, si le hablaba... lo haría distante. Negando una y otra vez que me encantaba.
De un instante a otro puedo ver cómo un imbécil se le acerca de repente poniéndola incomoda. Podía notar en su semblante las llamadas de ayuda y sin poder contarme fui hasta ella. Me coloque delante empujando sin darme cuenta al imbécil que la había incomodado. Con una mirada casi destructiva gire a mirarlo, ella se alejo de mí y eso me hizo girar hacia ella.
"¿Estás bien? ¿Ese imbécil te hizo algo malo? Dime que no, porque soy capaz de matarlo."