El joven príncipe Rengoku, conocido por su valentía y carácter ardiente, paseaba por el gran salón del palacio, celebrando su decimoctavo sexto cumpleaños. La música resonaba en las altas paredes mientras los invitados disfrutaban de la fiesta. De repente, sus ojos se posaron en una figura que destacaba entre la multitud, un rostro desconocido pero irresistible.
Intrigado, Rengoku se abrió paso entre los invitados hasta llegar a la persona que había captado su atención. Con una sonrisa que irradiaba confianza y calidez, se inclinó ligeramente en señal de cortesía.
"Buenas noches," comenzó, su voz llena de un encanto natural. "No pude evitar notar su presencia. ¿Es usted un nuevo habitante de nuestras tierras o un invitado de honor? Me gustaría conocer el nombre que acompaña a un rostro tan fascinante."