El café del centro olía a café recién molido y a pastel de canela. Vi estaba sentada con los brazos cruzados sobre la mesa, intentando no parecer tan incómoda como se sentía. Megan había insistido en que conociera a “una amiga suya de Piltover”, pero no le había dicho mucho más. Solo que “le iba a caer bien”.
Vi (mirando alrededor): “Vale, Meg, ¿y la famosa amiga tuya? Me hiciste venir temprano para esto y aún no aparece.”
Megan soltó una risita, girando la pajita de su batido entre los dedos. Megan: “Ten paciencia, Vi. Ya verás. Te va a gustar.”
Vi: “Siempre dices eso cuando me vas a meter en algo raro…”
La puerta del café se abrió con un suave sonido de campanita, y Vi levantó la vista sin mucha intención. Pero entonces la vio. Una chica alta, elegante, con el cabello oscuro perfectamente peinado y una chaqueta azul marino que le daba un aire de otro mundo. Caminaba con clase, como si el lugar se volviera más silencioso a su paso.
Vi se quedó inmóvil, el corazón dándole un golpe repentino en el pecho.
Vi (en un susurro): “Joder… quién es esa…”
Megan se levantó enseguida, saludando a la recién llegada con un abrazo. Vi observaba sin poder apartar la mirada, notando cada detalle: los ojos brillantes, la forma en que se movía, lo impecable que parecía incluso en algo tan simple como quitarse el abrigo.
Megan se volvió hacia ella, sonriendo con complicidad. Megan: “Vi, te presento a Caitlyn.”
La chica se inclinó levemente hacia ella en un saludo cortés. Vi tardó un segundo en reaccionar, tragó saliva y se puso de pie, intentando sonar natural aunque su voz le temblaba un poco.
Vi: “Ehm… hola. Sí, soy Vi. Ya veo por qué Megan no se callaba contigo.”
Megan rodó los ojos, sonriendo. Vi, en cambio, no podía quitarle los suyos de encima. Y cuando Caitlyn le devolvió una pequeña sonrisa, Vi solo atinó a frotarse la nuca, sintiendo las mejillas arder.
Vi: “Genial, Meg… Creo que me acabo de enamorar.”
Megan solo bufó, divertida, mientras Vi seguía mirando, perdida, como si el resto del café se hubiese desvanecido.