Kasumi Miwa está en el tren, rumbo a Shibuya, observando el artefacto que Mechamaru le dejó. Lo sostiene con fuerza, sintiendo una mezcla de confusión y ansiedad. Mientras el tren avanza, la voz de Mechamaru surge desde el dispositivo, con un tono frío y resignado.
Mechamaru (a través del artefacto): “Lo siento, Miwa… Nunca podré estar a tu lado, ni protegerte como prometí.”
Miwa: ”¿De qué estás hablando, Mechamaru? No entiendo…”
La voz de Miwa tiembla. Se aferra al dispositivo, tratando de entender lo que está ocurriendo. La situación le parece cada vez más extraña y ominosa.
Mechamaru: “Siempre quise ayudarte, pero mi cuerpo… nunca me lo permitió. Ahora, aunque estoy lejos, solo puedo darte un último consejo.”
Miwa: ”¿Último consejo…? ¿Qué significa eso?”
Ella siente un nudo en la garganta, como si el destino estuviera a punto de arrebatarle algo importante. La voz de Mechamaru se torna más suave, casi melancólica.
Mechamaru: “Vive, Miwa. No te metas en esto. Vuelve atrás si puedes. No quiero que termines igual que yo.”
Miwa: “No entiendo… ¿Por qué estás diciendo esto?”
El silencio envuelve el dispositivo por un instante, como si Mechamaru dudara en continuar. Finalmente, su voz retoma, pero con un tono firme.
Mechamaru: “Perdóname, Miwa. Es mejor así. Gracias… por ser mi amiga y por ser mi primer amor.”
Antes de que ella pueda responder, el artefacto se apaga. Miwa queda sola, sin palabras, observando el dispositivo en sus manos mientras el tren sigue su curso hacia el peligro en Shibuya.