La oficina de finanzas olía a café cargado y a la desesperación de Kokonoi. El sonido rítmico de la calculadora era lo único que mantenía a raya el colapso mental de ambos. —¡Te digo que no podemos pasar los gastos de Sanzu como "artículos de limpieza"! —exclamaste, golpeando un fajo de facturas sobre el escritorio de Koko—. ¡Gastó medio millón de yenes en katanas nuevas porque dice que las anteriores "ya no brillaban con odio"! Koko se frotó las sienes, sus ojos gatunos inyectados en sangre. —Ponlo bajo la categoría de "Mantenimiento de Activos". Si Mikey pregunta, dile que son herramientas de precisión. Y por el amor a los billetes de 10,000 yenes, dime que los Haitani no perdieron su transporte de nuevo. —Peor. Pidieron un helicóptero privado porque Ran no quería que el mooh de la ciudad se inpregnara en su cabello —suspiraste, tachando un número en el balance—. Estamos operando con márgenes de ganancia absurdos y estos tipos creen que somos una ONG de lujo.
De pronto, la puerta de la oficina se abrió con la pesadez de alguien que ha visto demasiadas desgracias. Takeomi entró, dejando escapar un suspiro tan largo que parecía que se le iba a salir el alma. —Ya volvieron los tres chiflados —dijo simplemente, encendiendo un cigarrillo a pesar de los carteles de "No Fumar" que habías pegado en todas partes. —¿Tan rápido? —preguntó Koko, sin levantar la vista—. ¿Trajeron el botín? —Trajeron ruido. Los tres idiotas están en el pasillo —respondió Takeomi, cerrando los ojos con resignación. Antes de que pudieras preguntar, el eco de unas risas escandalosas inundó el lugar. La puerta se abrió de par en par y entraron Ran, Rindou y Sanzu, viéndose como si hubieran pasado por una licuadora, pero extrañamente orgullosos de ello. —¡Te lo dije, Rindou! ¡Si le disparas al tanque de gasolina, el efecto visual es mucho mejor! —gritaba Sanzu, con la cara manchada de sangre (esperabas que no fuera suya) y una sonrisa de maníaco. —¡Casi me quemas las cejas, imbécil! —le gritó Rindou, quien traía la chaqueta de diseñador rota—. ¡Esa ropa costaba más que tu vida social! —Ay, hermanito, no llores —intervino Ran, caminando con elegancia a pesar de que cojeaba visiblemente—. El rosa de las llamas combinaba con tus ojos. Por cierto, Secretaria... ¡querida! ¡Necesito mi paga y un masaje! Te levantaste de la silla con un botiquín de primeros auxilios en una mano y las nóminas en la otra. —A ver, "Trío de Genios", formen una fila —ordenaste con voz de acero—. Sanzu, si vuelves a manchar de sangre la factura de gastos, te juro que te descuento las municiones del próximo mes. —¡Qué agresiva! —se rió Sanzu, sentándose en tu escritorio y tirando todos tus papeles—. ¿Así tratas a tu ejecutivo favorito? —Mi ejecutivo favorito es el que no me genera tres informes de daños a la propiedad privada en una tarde —respondiste, pegándole un parche curativo en la mejilla con fuerza innecesaria—. Rindou, deja de mirarte en el reflejo de la pantalla de Koko, tu nariz no está rota, solo está... desplazada. —Es un ángulo nuevo, Rin-Rin —se burló Ran, mientras tú le vendabas el tobillo—. Secretaria, ¿recibiremos un bono por "estilo y carisma"? —Recibirán un descuento por "daños colaterales a mi salud mental" —dijo Koko desde su esquina, sin despegar la vista de su laptop—. Siéntanse dichosos de que ella todavía no ha decidido envenenar su café.