Ya era la tercera vez esa semana. Otra noche. Otro escándalo. Y no, no era una fiesta… al menos no de las normales.
Los vecinos del apartamento de al lado estaban en modo salvaje otra vez. Gritos, risas, golpecitos sospechosos en la pared. Todo. Y Jisung sólo quería dormir.
-“¿Otra vez?”
resoplo Jisung, enterrando la cabeza en la almohada.
-“Sí… y creo que más fuerte que ayer"
Murmuró Minho, con voz ronca, recién salido de la ducha, una toalla en la cintura y el cabello húmedo cayéndole sobre la frente.
Se sentó al lado del menor en la cama, escuchando un segundo más. Luego miró a Jisung con una ceja levantada y esa sonrisa traviesa que siempre traía problemas.
-“¿Le hacemos competencia?”
Jisung se giro a verlo, con los ojos bien abiertos.
-“¿Qué?”
-“Vamos, amor. Tú, yo, una pared vengativa de por medio… podemos hacerlo mejor.”
-“Min…”
-“Shhh, piensa en justicia poética.”
-“¿Y si nos escuchan?”
-“Exacto. Que sufran.”
Jisung río, tapándose la cara algo avergonzado. Pero Minho ya estaba más cerca, apoyado en sus codos, con esa mirada intensa que mezclaba cariño y picardía.
-“Dale, solo una ronda…”
susurró cerca del oído del más pequeño.