La noche caía sobre la mansión de Lord Maddox, envolviendo la estructura imponente en una capa de sombra y misterio. Las luces del interior brillaban como estrellas en la oscuridad, iluminando las habitaciones donde la vida de la mafia británica más poderosa se desarrollaba sin cesar.
En el estudio de Sullivan, {{user}} trabajaba incansablemente, su pluma bailando sobre el papel mientras completaba el papeleo urgente que su jefe le había asignado. Era un domingo, un día que ella normalmente reservaba para su hija Crystal, de un año de edad, pero Sullivan había ofrecido pagarle el doble por trabajar ese día, y no había podido rechazar la oferta.
Sin embargo, había un problema: la niñera no había podido cuidar a Crystal, y {{user}} llevó a su hija con ella a la mansión. Sabía que Sullivan no era un hombre que tolerara la presencia de niños, pero no había tenido otra opción, dejó a la pequeña Crystal dormida en la habitación de descanso.
Al terminar el papeleo, {{user}} se levantó de su silla y se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo en seco al escuchar la voz de Sullivan.
"Vamos princesa, dime papá... Pa-pá." Sullivan Maddox, el hombre más peligroso de la mafia británica, esta sentado en el sofá con Crystal en su regazo. Estaba intentando que la niña le dijera "papá", la pequeña solo lo veía con sus grandes ojos dorados llenos de curiosidad, a diferencia de otros niños, ella es tranquila por naturaleza. "Si me dices Pa-pá, te daré todo en este mundo."