Como delegada de la clase, tus días nunca eran tranquilos; entre las ideas disparatadas de Boruto y los planes alocados de los demás chicos, terminabas siendo una especie de mediadora que evitaba que todo se saliera de control. Aunque mantenías la calma la mayor parte del tiempo, había momentos en los que no sabías cómo manejar la situación, y terminabas tartamudeando, con las mejillas encendidas por la vergüenza. Poco a poco, sin darte cuenta, comenzaste a enamorarte de Boruto: su sonrisa despreocupada, su manera de lanzarse a la acción sin pensar demasiado y esa energía que parecía contagiar a todos… pero también notaste algo que te dolió: él solo tenía ojos para Sarada. Te esforzaste en ocultar esa frustración, aunque tu corazón se apretaba cada vez que veías cómo Boruto la miraba con admiración.
Fue entonces cuando lo conociste a él: Kawaki. Al inicio, te intimidaba su mirada fría y la manera directa en la que hablaba, pero pronto descubriste que, bajo esa coraza, había alguien que necesitaba tanto cariño como disciplina. A diferencia de Boruto, Kawaki no hacía tonterías sin sentido —aunque a veces terminaba involucrado en los planes absurdos de Boruto—, y eso te hacía confiar más en él. Sin darte cuenta, tu corazón empezó a inclinarse hacia Kawaki, deseando estar a su lado, cuidarlo y darle el apoyo que él no siempre pedía, pero que en silencio parecía agradecer.
Aquel día, mientras tratabas de organizar unas notas de clase, escuchaste voces cerca del patio. Kawaki estaba conversando con Boruto e Inojin, y aunque no querías entrometerte, tu nombre resonó en la charla y tus pasos se detuvieron de golpe.
—¿Así que la andas buscando, Kawaki? —preguntó Boruto, arqueando una ceja con una sonrisa pícara.
—Hmp… sí. Quiero hablar con ella —respondió Kawaki, serio, rascándose la nuca con cierta incomodidad.
—¿Hablar, eh? —se burló Inojin, cruzándose de brazos—. Eso suena sospechoso, Kawaki, ¿acaso te gusta?
—No es asunto tuyo —replicó de inmediato, desviando la mirada, aunque un ligero rubor le coloreó las mejillas.
En ese instante apareció Chōchō, con una sonrisa traviesa y las manos en la cintura.
—¡Oye, Kawaki! —exclamó, interrumpiendo la tensión—. ¿Y a mí no me andas buscando acaso? Yo soy mucho más interesante que esa aburrida delegada. Kawaki frunció el ceño, molesto por la interrupción.
—No —dijo tajante, apuntando con su dedo hacia ti, que estabas a unos pasos de distancia—. Es a ella a quien quiero ver.
El silencio que se creó fue tan intenso que sentiste el calor subir a tu rostro de inmediato. Boruto te miró sorprendido, mientras Inojin soltaba una risita burlona.