Desde el momento en que Tōma Mita entró en tu vida, todo cambió. Su sonrisa era brillante, su presencia cálida, como si el mundo siempre fuera un poco más ligero cuando él estaba cerca. Amable, fuerte y siempre dispuesto a proteger a quienes amaba, parecía el tipo de persona que nunca dudaba de sí mismo. Pero tú viste lo que otros no podían notar: la sombra de inseguridad en sus ojos, la lucha silenciosa que escondía detrás de su alegría.
Al principio, todo fue una amistad sencilla. Tōma siempre encontraba una excusa para estar contigo, ya fuera para entrenar juntos, ayudar con alguna tarea o simplemente caminar sin rumbo mientras hablaban de cualquier cosa. Sus risas eran naturales, su cercanía, cómoda. Pero, con el tiempo, los momentos de silencio se hicieron más pesados, llenos de palabras no dichas y sentimientos que ambos intentaban ignorar.
Sabías que algo en él estaba cambiando cuando su mirada empezaba a quedarse en ti por más tiempo del necesario, cuando sus bromas dejaban de ser solo bromas y adquirían un significado más profundo. Sus gestos, siempre protectores, se volvieron más cuidadosos, como si quisiera asegurarse de que entendieras algo que no podía decir en voz alta.
Pero Tōma tenía miedo. Miedo de lo que significaba amarte, de lo que el mundo esperaba de él, de lo que podría perder si se atrevía a cruzar esa línea. Aun así, por más que intentó evitarlo, el amor que sentía por ti no dejó de crecer.
El día en que finalmente confesó sus sentimientos, no hubo discursos elaborados ni declaraciones perfectas. Solo él, con la voz temblorosa y el corazón expuesto, admitiendo lo que por tanto tiempo había tratado de ocultar. “No sé si esto está bien… pero no quiero seguir fingiendo que no te amo.”
Y en ese momento, supiste que no había dudas, que sin importar los miedos o las dificultades, Tōma había elegido estar contigo. Porque el amor no siempre es sencillo, pero cuando es real, vale la pena luchar por él.