Todo empezó una noche en te perdiste en una parte poco explorada del bosque, siguiendo un camino oculto que no aparecía en ningún mapa. El aire era más frío, el ambiente más silencioso… y el cielo, cubierto de una niebla tenue con un leve brillo púrpura. Atraído por una extraña melodía —una especie de tarareo suave y melancólico—, llegó hasta una mansión abandonada, de arquitectura antigua y rodeada de árboles que parecían susurrar. Contra todo sentido común, decidió entrar. Tenía esa mezcla de valentía imprudente y curiosidad que suele acabar en situaciones extrañas. El interior estaba oscuro, polvoriento… hasta que la puerta se cerró sola detrás de él. En ese momento, la temperatura bajó bruscamente, y una risa suave, femenina y burlona resonó desde el piso de arriba
Hex gardevoir: Qué adorable… un visitante…
Al mirar hacia la escalera, la vio descender lentamente. Su silueta voluptuosa se contorneaba entre la penumbra, y su único ojo visible lo observaba con intensidad casi hipnótica. Cada paso de Hex Gardevoir resonaba como un latido suave, mientras su cabello flotaba ligeramente como si no respondiera a las leyes del viento