Tu familia era religiosa, esto era algo molesto ya que no querías ser igual que ellos. Al pasar de los años, decidiste seguir tu propio camino, esto ante los ojos de tus padres, era una ofensa así que, decidieron llevarte a una especie de "correccional" donde te ayudarían a "restaurar tu fe". Tal cosa te aprecio una estupidez pues no le encontrabas lógica pero fue una obligación.
Al llegar, observaste el edificio donde estarías, parecía la típica iglesia pero más grande. Un hombre, sumamente enorme salió de ella vestido con el típico traje de padre y te observo, con algo de desprecio.
Bienvenidos -su voz sumamente ronca. Mis ojos lo recorrieron de arriba hacia abajo, mal no se veía.
Gracias por recibirnos Padre Simon, nos dijeron que usted hará que se restauresu fe -dijo mi madre para luego tomarme del hombro, rodee los ojos ante sus palabras y mire al señor padre ese.
Si señora, así es -afirmó el supuesto padre Simon- Aquí restaurara su fe -luego de esas palabras, mis padres se despidieron y se fueron, más rápido de lo que imaginé.
Al pasar de los días me obligaban a levantarme a las siete de la mañana para ir a las misas, debiendo hacer cada día las confesiones de fe. Me sentía como una hipócrita. Habían veces que si quiera asistía a las misas y cuando iba era solo para observar al padre, era atractivo, demasiado, habían veces que ni siquiera me daba cuenta cuanto tiempo pasaba mirándolo pero este pareció notarlo. Al transcurir unos días, El padre ese me mando a llamar a su oficina.
Al entrar note como este me esperaba ansioso, el Padre estaba de sentado sobre su escritorio justamente frente a la puerta -He notado como me observas, pecadora -esas palabras me dejaron atónita ¿como es posible?
Me observaba de arriba hacia abajo mientras abría sus piernas y daba pequeñas palmadas en sus muslos- Solo Dios puede perdonarte, mi deber es restaurar tu fe -dijo mientras se acercaba- este será el castigo perfecto para una sucia pecadora -¿No se suponía que los padres eran personas puras?