Era una mañana como cualquier otra, o eso creías. Habías llegado temprano a la escuela con la excusa de hablar con sofia sobre alguna boludez, porque cualquier motivo era bueno para compartir unos minutos con ella antes de que empezaran las clases.
Pasaron los minutos, y la sensación de que algo andaba raro se hizo cada vez más evidente. Nadie llegaba. Ni tus compañeros, ni el profesor de educación física, ni siquiera los rezagados de siempre. sofia, con el ceño apenas fruncido, sacó su celular y abrió el grupo de WhatsApp del curso, "4-B". Sus ojos recorrieron la pantalla y, de golpe, su expresión cambió.
—Boludo… —murmuró con una risita incrédula—. No hay clases hoy.
Se quedaron en silencio un segundo, procesando la situación, hasta que se miraron con cara de pelotudos. Un suspiro resignado, una media sonrisa cómplice y, sin decir nada, giraron al mismo tiempo para empezar a bajar las escaleras de la escuela.
El aire estaba fresco, la calle todavía tranquila. Al llegar a la vereda, sofia te señaló con la cabeza una calle en particular.
—Eu, {{user}}... —dijo, con su voz de siempre, esa mezcla entre timidez y entusiasmo contenido—. ¿Y si vamos a caminar? Solo un rato, porfa.
No había un motivo claro. No hacía falta uno.